En 1999 y el 2000, las obras de restauración del Teatro Clavijero y la preparación del cambio de administración municipal son determinantes para que no se realice la Muestra de Teatro, que espera junto con nosotros los mejores momentos de la primera década del s. XXI, para seguir mostrando el trabajo teatral de los porteños y de sus amigos de otros países y de otros Estados de la república, en un festival que trataremos que no dejen morir los veracruzanos.
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Actualmente la Compañía Teatral Emergencia es el núcleo de la empresa de creación y promoción artística integral MASCARADA Sociedad Cooperativa de Responsabilidad Limitada con sede en la ciudad de Veracruz.
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Pueden contactarnos a los correos samejo_4@hotmail.com y pilarcarosanchez@yahoo.com.mx
o si lo desean al correo
teatro.emergencia@gmail.com

martes, 2 de agosto de 2011

UN PASEO POR EL TEATRO VERACRUZANO

Por José Luis Ruiz Rivero

El teatro es un instrumento educativo que, como patrimonio cultural intangible, sólo existe en el momento de su realización; es el arte de la escena, es arte dramático y es conocido por el nombre del edificio donde se representa: El Teatro.

Siempre quise saber todo del teatro en Veracruz, cómo empezó y cómo se ha desarrollado este prodigio cultural en edificios y espacios del centro histórico desde que se funda la Villa Rica de la Vera Cruz, porque lo he considerado una expresión artística que a lo largo de cuatrocientos noventa y dos años ha colmado insuficiencias sociales, culturales, religiosas, recreativas y políticas, y ha sido mentor para el conocimiento de ideas, modas y costumbres de culturas con las que hemos tenido relaciones humanas y de intercambio desde que la suerte y la necesidad nos establece como el primer ayuntamiento en tierra firme de América del norte.

Soñaba con realizar una investigación para conocer las actividades teatrales realizadas en el municipio de Veracruz y lograr una integración del patrimonio cultural intangible con toda su herencia ideológica desarrollada y modificada en siglos de práctica por artistas locales y foráneos, junto al patrimonio cultural tangible como edificios, calles, parques y plazas donde se ha manifestado.

Me determiné a vencer la frustración constante de los interesados en la historia del arte porteño, que cuando pretenden saber se quedan siempre con lagunas de información que no se llenan porque nunca se responden interrogantes como ¿por qué se hace teatro en Veracruz?, ¿quiénes lo hacen?, ¿cómo lo hacen?, ¿para qué?, ¿para quiénes?, ¿desde cuándo?, ¿dónde aprendieron?, ¿dónde se hace?

Pretendí responder estas interrogantes en otros espacios de la cultura porteña pero fue en la historia del centro histórico de Veracruz, en su Archivo Histórico, en sus instituciones de comunicación más antiguas y con los creadores teatrales donde se empezó a revelar la información que buscaba.

Supe entonces que este asunto es importante para los teatristas, los veracruzanos y todos los interesados en nuestro patrimonio histórico-cultural, por la directa relación de la ciudad con el paso de los grupos teatrales, locales o no, por sus estructuras y porque los lugares donde se escenifica son centros de reunión obligada de los veracruzanos hasta bien pasada la segunda mitad del siglo veinte.

Estimulado por esta ilusión, junto a otros interesados, en 1987, durante la Tercera Muestra Regional de Teatro, iniciamos una averiguación hurgando las fuentes orales como punto de partida.

Los invitamos a que trataran de concentrarse en la preocupación por el quehacer teatral de la época, porque siempre es la misma de los que estamos en la práctica teatral. Y se grabó lo que platicamos.

El resultado de este primer ejercicio de recopilación y reflexión fue una sucesión inconexa de anécdotas particulares y un cúmulo de datos, sin análisis y sin un acontecer por lo menos cronológico de tantos hechos teatrales a lo largo de más de cincuenta años, ni una relación de los lugares donde se presentaron, ni un intento por explicar sus raíces de sustentación en el ámbito nacional e internacional; es decir, únicamente llegamos a la conclusión de que no existía una historia del teatro en el municipio de Veracruz.

Los resultados de esta tentativa, nos incitan a organizar durante la Quinta Muestra Regional de Teatro en 1989 una exposición de fotografías, programas, carteles y recortes periodísticos de los grupos teatrales porteños y advertimos con satisfacción que en nuestra pesquisa se empiezan a integrar fechas, lugares y nombres exactos con lo que se obtienen las bases de sustentación histórica. Y se enriqueció la investigación con tesis, libros, reseñas periodísticas, comentarios, archivos de grupos teatrales y documentos históricos aparecidos en esos años que abrieron las perspectivas a nuestro intento de historia teatral.

Continuamos escudriñando y estibando los resultados, imaginando la historia del teatro del puerto de Veracruz como una epopeya en tres actos que denominamos "UN PASEO POR EL TEATRO VERACRUZANO".

El primer acto es un relato condensado de la actividad teatral desde la fundación de la ciudad, por lo que su escenografía inicial de arena, mar y cielo se modifica con los cambios que ha experimentado la ciudad de Veracruz hasta aproximadamente 1945-50, y la mención de los inmuebles donde se ha realizado la actividad teatral aunque ya hayan desaparecido físicamente.

Vemos de entrada la llegada de marinos a una playa inhóspita y que los pobladores de esa costa y sus alrededores se reunían a cantar y danzar y que en un islote que ahora conocemos como San Juan de Ulúa, había un adoratorio al dios Tezcatlipoca donde se desarrollaba una actuación ritual que aunque usa elementos teatrales no tiene equivalencias teóricas con el teatro como lo hemos conocido.

Al consolidarse la conquista del territorio se aplica a los habitantes, junto con la espada y el anatema del infierno, el teatro evangelizador, eso, junto con los espectáculos españoles laicos, es la referencia más antigua del teatro porteño.

Por tanto, desde sus inicios el teatro de Veracruz es español y empezará a desplegarse y a llenar las expectativas de los españoles residentes en el puerto, cuando el campamento militar con bodegas y almacenes en la playa se convierta definitivamente en la Villa Rica de la Vera Cruz, mediante Cédula Real emitida e! 19 de junio de 1615, en la ciudad de Valladolid, por el Rey Felipe III.

El teatro veracruzano se desarrolla como el hispano y hasta disfrutan juntos lo que, financiado por el saqueo desenfrenado a la Nueva España y la América española, es conocido como el siglo de oro español.

No hay nada original un siglo después, pues alrededor de 1700 se ofrece a los porteños un teatro, en el que, con excepción de Calderón de la Barca, no se representa a los grandes autores y la carencia de temas clásicos y de autores ejemplares es suplida por argumentos relacionados con la cotidianidad e intimidad de la gente sencilla, temas que igual se ofrecen en la vieja y la nueva España.

Otro componente que menoscaba la calidad artística del teatro de los siglos XVII y XVIII es el “gusto" de la concurrencia, gente tosca que es atraída por la música, bailes y cantos de los sainetes, loas o tonadillas con que se acompaña una escenificación y la disfruta igual que las peleas de gallos, corridas de toros, volatineros, juegos pirotécnicos o espectáculos de magia.

Sin embargo, nos sigue admirando que así como a través de Veracruz, durante la colonia, el transporte marítimo que saqueó al país proveyó, a cambio, al puerto de toda clase de mercancías, incluidos los espectáculos de Europa y el Caribe.

Asistimos a la transformación de la "Casa de Comedias" o "Coliseo" en el Teatro "Principal” y vemos como después de sufrir varios incendios de los muchos que padece la "Ciudad de tablas", de cambios físicos y de nombre, se convierte hacia el final del primer acto de la epopeya en el Teatro "Teodoro A. Dehesa", después "Felipe Carrillo Puerto" y actualmente “Francisco J. Clavijero”.

Por sus programaciones sabemos de la preferencia del público veracruzano por el romanticismo, el llamado teatro de época, la ópera, la opereta y la zarzuela, representados por los artistas y compañías nacionales e internacionales del momento.

Somos testigos de la situación de actores y compañías nacionales, de los prejuicios con que se considera a los teatristas hasta nuestros días y de la declinación de su producción teatral, pues hacia el último tercio del siglo XVIII la gente de teatro es considerada rebelde, inmoral y corrupta como ya lo habían señalado los romanos y forman parte de un grupo social subestimado que se toma en cuenta sólo como instrumento de diversión y de apoyo para obras de beneficencia.

Sin embargo, los actores son reconocidos por la gente común y gozan de su simpatía y el escaso número de personas que constituye -sin serlo legalmente- un gremio novohispano y el envejecimiento de los actores más experimentados–en su mayoría españoles- hace que los repertorios se empobrezcan irremediablemente.

Las condiciones en que son contratados en la capital son desventajosas e incomodas y hacen que los "cómicos", como se les conoce, busquen mejores horizontes laborales en ciudades como Puebla, Guadalajara y Veracruz, donde se presentan con sus mejores actores y repertorio; y en vísperas del inicio de la época independiente, sufren la censura teatral igual o peor que en los siglos anteriores, censura que atiende más a los aspectos políticos que a los artísticos o literarios por un gobierno virreinal que se preocupa únicamente de lo que puede quebrantar el poder del Estado y la unidad católica, elementos fundamentales para la cohesión de la monarquía española; por estas razones es casi imposible hacer vida teatral, pero el poder tiene que moderarse porque es consciente de la necesidad de distraer, entretener o divertir a un público que aún siendo de raza española empieza a considerar, seriamente, liberarse de la península ultramarina.

El Teatro "Principal" es el espejo que refleja la cultura de Veracruz hasta pasadas las primeras tres décadas del S. XX, en que igual se representa Shakespeare, que cirqueros, magos y perros amaestrados, incluyendo a principios de 1900 el arte que será antes de la Tele y el futbol, el máximo competidor del teatro para capturar público: El Cine.

Y en este mismo edificio veremos, como muy de vez en cuando en siglos anteriores, grupos de teatro locales, que respetando reglamentaciones que datan de la primera etapa de la colonial destinan sus ganancias a obras públicas y sociales como la Casa de Recogidas de Veracruz, actividad teatral que desarrollan sin importarles nada, ni siquiera el bombardeo que hasta 1824 sostienen los españoles desde San Juan de Ulúa y que provoca el cierre parcial del comercio, ni que muchas familias emigren a otros sitios menos peligrosos. Antes, durante y después de la capitulación española tanto la heroica ciudad como su heroico quehacer teatral siguen trabajando sin descanso.

Adentrados en la primera mitad del siglo veinte somos testigos de la efervescencia revolucionaria y ante nuestros ojos pasan los cambios cualitativos y cuantitativos referentes a urbanística, explosión demográfica, usos y costumbres, arquitectura del centro histórico, música.

Y lo más importante y casi increíble en nuestros días es que hacia 1915, en el puerto de Veracruz existen los teatros: "Principal", "Eslava", "Variedades", "Olimpia", "Apolo", "Noriega" y "Chapultepec", que no sólo dan funciones de teatro, sino que presentan variedades y películas siempre con "casa llena".

El primer acto de esta epopeya nos permite asistir en los años veinte, al finalizar guerras y revoluciones, al recuento de los cambios a través de los espectáculos de los teatros del puerto, como las actividades teatrales anarcosindicalistas con las obras "Tierra y Libertad" y "Verdugos y Víctimas" de Ricardo Flores Magón, que se presentan en 1923 a beneficio de la Federación Local de Trabajadores, adherida a la Confederación Geral (sic) de México, montadas por el Cuadro Juvenil Independiente de la Unión de Empleados de Restaurant La Consolidada, con el Teatro "Principal” lleno y 976 boletos pagados, lo que nos permite ver a la vez que nuestro teatro Clavijero se ha encogido con la vejez.

La temática de estas agrupaciones teatrales es revolucionaria extrema, pero ocupa otros espacios como el teatro Variedades donde apreciamos con el Cuadro Artístico Literario-Musical de Declamación de la Federación el estreno de "Regeneración" de Luis F. Martínez; así como "Los Nuevos Románticos", "El pan del pobre" y' "Maldita Ley".

Y con el ejemplo de estas obras, asistimos al momento en que el secretario de Educación de la Federación, señor A. Hernández Becerra firma por el Secretario de Actas con el lema SALUD Y COMUNISMO LIBERTARIO, el acta de sesión del 20 de junio que dice: "…después de muchas discusiones se acuerda que el Grupo Cultural se encargue de ilustrar a las colectividades de los beneficios que nos reporta este sistema", avalando esta declaración de principios los sindicatos participantes: La Consolidada; El Sindicato Revolucionario de Inquilinos, con su Secretario General Herón Proal; La Unión de Cargadores de Número, el Sindicato de Tabaqueros y el Sindicato de Obreros, Albañiles y Similares del puerto de Veracruz, todos desaparecidos.

En el segundo acto de la gesta teatral veracruzana vemos la creación de la Universidad Veracruzana en 1944; en 1945 los festejos del 75 aniversario del Instituto Veracruzano al que en 1955 la Institución de la Superación Ciudadana y la H, Legislatura del Estado le otorgan el título de "Ilustre". Por estos años se empieza a generar la propuesta teatral veracruzana de la segunda mitad del siglo, al coincidir en el seno de estas instituciones el teatro y la educación.

Nos familiarizamos con la organización de los grupos teatrales que asoman desde estas fechas hasta 1960 aproximadamente, como La Farándula y su pretensión de reproducir esquemas de compañías españolas; con sus escenografías de papel, madera y pintura y con su apego a la literatura dramática española o europea, ya que la dramaturgia mexicana es casi desconocida para ellos; sus actuaciones, donde el apuntador situado en la concha del proscenio es escuchado por el público antes que el actor y finalmente, asistimos a la transición entre el apuntador y la memorización íntegra del texto y de los movimientos escénicos que propone la nueva forma de hacer teatro en Veracruz, recién desempacada de los cursos de verano del INBA de la ciudad de México junto con esbozos de la escuela stanislavskiana.

Y desde este momento nos aturde la procesión de ofrecimientos escénicos locales, de autores nacionales y extranjeros y de espacios para presentar teatro. Empieza "el pocho" Marco Antonio Morales Amador, en 1959 con "Los Desarraigados", en el Auditorio de Tablajeros actualmente en ruinas a un lado del parque Zamora; "Estado de Sitió" de Camus; “EI Atentado" de Ibargüengoitia y "Conejaditas" de López Florencio, premiada en el Concurso Regional del INBA en 1964. Contemporáneo, vemos al Grupo de Teatro Experimental de Veracruz de Blanca nieves Silva fundado en 1961 con la presentación de "Una Noche de Primavera Sin Sueño" de Poncela; "Susana y los Jóvenes" de Ibargüengoitia; "El Pájaro Azul" de Maeterling, "El Reloj y la Cuna" de Magaña, "A ocho Columnas" de Novo, "Los Prodigiosos" de Arguelles y "Cada Noche Muere Julieta" de Inclán, Segundo Premio Nacional de Teatro en 1963. Y los veremos realizando de igual manera que La Farándula, programas de radioteatro en tiempo real, con un mismo actor haciendo varios personajes y con los efectos de sonido ejecutados al momento.

Nos sorprende muy gratamente el clímax artístico-teatral del puerto en 1966, cuando el Grupo de Teatro de Ernesto Díaz Reyes, con "¿Quién le teme a Virginia Woolf?" de Albee, gana todos los Premios Regionales y Nacionales del Festival de Otoño de Bellas Artes en el Distrito Federal.

Y luego, vemos desfilar en serie a muchos grupos de teatro que intentan trascender en la historia del puerto como el grupo de teatro "la Gaviota", del Ayuntamiento de Veracruz, con montajes de Cuéllar, Shakespeare, Moliere, Carballido, Ibsen, etc. El grupo de teatro "Doxa", dos veces ganador del concurso regional del INBA con "La máquina del tiempo" de Gasteasoro en 1968 y "Ramillete de Cuentos, monólogo y Poesía" creación colectiva en 1969, ambas en el Auditorio "Ing. Vicente Camporredondo" del Ilustre instituto Veracruzano; y nos topamos los festejos del 450 aniversario de la fundación de Veracruz en abril y mayo de 1969, que nos presentan "Moctezuma II en la explanada frontal del Baluarte de Santiago, y varias obras en el Teatro "Felipe Carrillo Puerto" y el patio del Hotel Rex que funciona aún con otro nombre a un lado del palacio municipal.

Si no se han fastidiado con el paseo, puedo decirles que entre las décadas de los sesenta y setenta nos hallamos al taller de teatro del Museo de la Ciudad con su pastorela tradicional de años que dirige Loló Navarro y reciben su fogueo teatral muchos jóvenes actores que después harán su propia historia.

En la década de los setenta, notamos el surgimiento de los llamados grupos independientes y asistimos a funciones de "Teatro club 71”; del grupo “Tespis” recorriendo las colonias populares en jornadas teatrales, promociones culturales y actos políticos del Ayuntamiento y certificamos su Premio al mejor Actor en el Festival Universitario de Teatro de 1972 en Xalapa con el anónimo holandés "¿Y Qué Más?"; del grupo "Alfa y Omega" y del grupo teatral "Génesis" de fuerte tendencia al teatro musical; del grupo MITO (Movimiento independiente de Teatro Organizado) asistimos aproximadamente a cuatrocientas funciones en todos los lugares posibles de la ciudad; del grupo "Ex-Juv" (Expresión Juvenil), y del grupo "Canal Uno" de la Facultad de Periodismo que recrea los trabajos de MITO, precursor de la Muestra Regional de Teatro al organizar el Encuentro Teatral Centro, Norte, Sur.

Presenciamos con mucho gusto la inauguración de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana en 1976, y también la creación del Foro Teatral Veracruzano que es un fallido intento de compañía teatral para Veracruz; pero sobre todo, tenemos la vista puesta en el desempeño que sus egresados tienen elevando el nivel de la producción teatral y trabajando en la educación.

En el recorrido llegamos a los años ochenta y siguen apareciendo conjuntos teatrales como el Grupo "Salvador Novo"; la "Compañía independiente de Teatro del Puerto de Veracruz" de variadas propuestas; la "Comedia de Veracruz" con actores de los grupos teatrales de la ciudad; la "Compañía de Teatro Popular" del IVEC y su propuesta de teatro antropológico en los ochenta y de teatro poético musical en los noventa.

Y los montajes de los otros grupos que prohíja el IVEC; la producción teatral de la Casa "Salvador Díaz Mirón"; del grupo "Causa"; del Taller de Teatro Municipal que dirige Loló Navarro y su "Pasión de Cristo" anual; del grupo "Salamandra"; del Taller Libre de Teatro de la UV con actividad de muchos años; del grupo "La Mueca"; del grupo "La puerta"; del grupo "El Hijo Maldito"; del grupo del ITV con muchas obras, maestros y directores a través de su historia; del grupo "Mito" y su "Laboratorio de Terapia Teatral".

Advertimos cómo la Compañía Teatral Emergencia realiza año con año la Muestra Regional de Teatro durante las dos últimas décadas del siglo XX, y escuchamos a uno de sus fundadores, decir en las Pláticas para una historia del teatro en Veracruz: "En mayo de 1985, "La Empresa Perdona Un Momento de Locura" de Rodolfo Santana, cumple 100 representaciones y como no tenemos antecedentes de que alguna obra del puerto lograra esto, para festejarlo, se programa un encuentro libre de teatro durante las fiestas de Independencia en el que no haya vencedores ni vencidos y en el que cada quién, cierre la boca y aprenda lo que pueda".

Durante la primera muestra regional de teatro vemos circular 17 Grupos con 19 obras que hacen 35 representaciones en el Baluarte de Santiago del 12 al 16 de septiembre. Como parte central del festival, se devela una placa de madera alusiva a las 100 representaciones de "La Empresa…".

Ponemos especial atención al advertir que a las Muestras siguientes se les aumenta un día por año hasta llegar a quince y luego por carencia de recursos disminuyen hasta quedar en diez; y que no sólo se produce teatro, también hay exposiciones plásticas, música, literatura, danza, conferencias y talleres de formación para actores impartidos por maestros de estudios superiores que generosamente colaboran con el festival. También notamos que son necesarios más espacios además del Baluarte de Santiago para cubrir la programación y regresamos al remodelado Museo de la Ciudad, al sempiterno Teatro "Francisco J. Clavijero", a la Plazuela de la campana, a la Casa "Salvador Díaz Mirón", al Recinto de la Reforma y conocemos el Auditorio "Calasanz" de la Universidad Cristóbal Colón, de reciente construcción.

Descubrimos que aceptar la subjetividad de una critica prejuiciada por cánones estéticos de inexacta validez y muchas veces practicada de "oídas", deja de ser padecida por los actores de la Muestra Regional de Teatro, donde la crítica es de primera mano y se constata la certeza del comentario y el criterio del que parte.

Notamos desde finales de los años ochenta del siglo pasado el avance artístico de los grupos teatrales en la elaboración de proyectos, por lo que muchos teatristas veracruzanos son estimulados por el Fondo Para la Cultura y las Artes.

El actor veracruzano alcanza presencia e importancia sin el apoyo de la maquinaria teatral, que en Veracruz es casi inexistente, por lo que busca alternativas y se desplaza por todo el municipio que atestigua junto con nosotros el paso de obras de teatro por el Santuario de la Reforma, el Palacio del Registro Civil, los patios del Palacio Municipal, el auditorio y patios del Museo de la Ciudad, la Casa "Salvador Díaz Mirón", patios y auditorios de escuelas, institutos, facultades y universidades, plazas y plazuelas, calles, museo y patios de artillería del Baluarte de Santiago, Plaza de armas de la fortaleza de San Juan de Ulúa, patios y salones del instituto Veracruzano de Cultura, automóviles, autobuses, tranvías, patios de vecindad y hasta departamentos que se habilitan para bodegas, ensayos y funciones, por eso la maquinaria teatral no existe casi desde que recordamos en la producción teatral para más del 99 % de los teatristas veracruzanos.

Conocemos a dramaturgos originarios del puerto de Veracruz o residentes que escribieron obras teatrales que se escenificaron o que dan lustre a las letras nacionales con su producción literaria y que tienen el común denominador de haber aportado un grano de arena en la construcción de nuestra historia teatral como Argudín, Arguelles, Ascorve, Baturoni, Bertránd, Bravo Meza, Gorostiza, Casanova, de Zayas Enríquez, Díaz Dufóo, Guerrero y Gómez, Luhtor, Mancisidor, Morales Amador, Pavón, Peregrina, Solana, Treviño, Uscanga Lavalle, Ruiz Caro y Vega entre muchos más que con mis disculpas tendrán que perdonarme la omisión involuntaria.

Pero los verdaderos protagonistas del teatro veracruzano son los conjuntos teatrales con sus integrantes, simpatizantes y público que ha hecho posible su existencia, enriqueciendo la producción escénica local con su trabajo cotidiano, en un gran intento por empujar nuestra dinámica teatral a la profesionalización, ya imprescindible para la escena veracruzana, sin importarnos que repitan esquemas que algunos "críticos" dicen que deberían estar "superados", ni que haya trabajos que intenten reproducir el teatro de verano de EEUU al mezclar en los montajes actores de renombre y experiencia con actores amateurs, ni que los -afortunadamente cada vez menos- puristas teatrales, consideren desordenada la producción del resto de los conjuntos teatrales; porque todas las propuestas son válidas y ratifican que esta diversidad de ofertas escénicas es lo que mantiene vivo al teatro de este municipio y Estado donde no se apoya al Arte por "improductivo" y "no prioritario" en la inmensa mayoría de los casos.

Los teatristas, los artistas de otras disciplinas y los millares que participan desde hace años en concursos teatrales de centros educativos de todos los niveles escolares, deben mejorar y ennoblecer el teatro veracruzano de este siglo, el cual debe trascender, porque es abonado diariamente con el trabajo amoroso y desinteresado de los protagonistas de la historia del teatro del puerto de Veracruz.

En el tercer acto llegamos al desenlace de la historia al analizar y concluir sobre lo que pudimos aprehender en nuestro apresurado paseo por el teatro veracruzano, así que empezamos por desterrar definitivamente la invención de que nuestros paisanos no reaccionan al fenómeno teatral, ya que hemos comprobado que su tradición teatral es la más antigua en la tierra firme de América del Norte por vivir en un cruce de caminos y paso obligado de la cultura occidental, a través de España primero y de Francia después vía Cuba y, que cuando deja de ser paso obligado para ingresar a nuestro país, el desarrollo acelerado de los medios de comunicación es capaz de unirlo instantáneamente a cualquier asentamiento humano.

Vemos el arraigo de la gente a las dinámicas teatrales en el carnaval, donde casi todos los veracruzanos participan como actores o espectadores, y si no nos gusta este ejemplo, veamos como en nuestros festivales teatrales de las últimas tres décadas, se crean grupos de un día para otro y participan junto a las organizaciones teatrales ya existentes sin que a veces sepamos cuál tiene mejor nivel artístico-teatral.

Pero mientras nuestras actividades se presenten fragmentadas, disgregadas, como fantasmas, con mala publicidad porque el artista es el peor promotor de su arte, un día aquí y al siguiente allá pero muy pocas veces en UNA SALA TEATRAL EXPROFESO, el público seguirá siendo captado en su mayoría por otras actividades recreativas mejor organizadas.

Coincidimos con muchos teatristas veracruzanos en que es impostergable la apertura de un espacio teatral con las mínimas condiciones de uso, para que se programen temporadas continuas de las obras de teatro en un careo profesional frente al público.

Advertimos que los problemas de producción y montaje son los mismos para todos y es posible clasificarlos, sistematizarlos y articular el proyecto de un teatro profesional donde se exhiba la producción teatral todos los días del año.

Pero estamos de acuerdo también, que el teatro profesional podrá desarrollarse más rápido cuando Veracruz deje de ser de los lugares más caros del mundo para realizarlo, porque el alquiler de los únicos teatros vale miles de pesos por noche; hay que pagar por adelantado los impuestos de Hacienda Municipal y Estatal; cuota a la Sociedad de Autores y Compositores de Música; cuota a los trabajadores del STIC; limpieza del Teatro; la producción y publicidad de la obra con gastos no previstos, sin contar que en el teatro profesional a los artistas y técnicos hay que pagarles, lo cual hace muy costosa la producción y no permite oportunidades de recuperar lo invertido. Así que lo que no hemos visto en nuestro paseo por el teatro veracruzano, es a un grupo local que haga un montaje con pretensiones de espectáculo artístico y recupere su inversión para a su vez invertirla en otro proyecto teatral.

Reconocemos, antes de concluir el tercer acto de esta epopeya, que las corrientes teatrales que se manifiestan a fines de los cincuenta, en los sesenta y los setenta, aparecen a principios de este siglo de la siguiente manera: el teatro “oficial”, que manejan los apéndices culturales del Estado, que a veces se distingue por aparatosas escenografías y que pretende marcar líneas de calidad teatral desde el punto de vista de quienes temporal y circunstancialmente están a cargo y que no son, en la abrumadora mayoría de los casos, los mejor calificados para hacerlo; y el Teatro independiente que se divide en dos grupos: uno, que pretende hacer teatro con todas sus implicaciones estéticas y sociales; y otro, que lo hace sólo por diversión, sin más afán que divertir y divertirse y que por lo mismo, logra inmediato reconocimiento público y tal vez recupera su inversión, y aunque aparentemente no trasciende, vale la pena analizarlo más detenidamente como organización empresarial.

Los grupos independientes son la transición lógica hacia la profesionalización del trabajo de actor, pero no tienen consistencia económica y carecen de vocación decidida; cuando tengan claro lo segundo tendrán el coraje necesario para lograr lo primero; surgen como rechazo a una generación que se inicia en el teatro con un promedio de 30 años de edad a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta; y nacen a fines de los sesenta con 18 años de edad promedio, con mayor facilidad de acceso a los centros de entrenamiento e información teatral y son capaces de hacer una producción escénica más intensa, pero con altibajos gigantescos en cuanto a calidad.

Con los últimos efectos de sonido aparece la convocatoria para construir una organización teatral que integre a creadores independientes y que tenga como sede UN TEATRO, modesto en cuanto a dimensiones, pero con maquinaria especializada para el perfil de realización escénica establecido por nuestro pasado inmediato y con total autonomía de todas las instituciones artísticas y culturales del estado, y si la comunidad teatral veracruzana es capaz de responder a esta invitación podemos aventurar que existe madurez suficiente para darle rumbo profesional a las experiencias y educación teatral almacenada en los últimos treinta años.

El actor porteño ha logrado presencia e importancia, pero no trasciende por las raquíticas condiciones materiales de los medios de producción teatral.

En los teatros de Veracruz -si se pueden llamar así- su maquinaria teatral -cuando la hay- es rudimentaria y carece de apoyos técnicos elementales como telares, acústica e iluminación, con la excepción del Teatro "Francisco J, Clavijero", que en el año 2000 es "rehabilitado integralmente" por el Ayuntamiento de Veracruz con las aportaciones económicas de CONACULTA y TAMSA, pero que es inmediatamente secuestrado por la Iniciativa privada a través de una Asociación Civil que fija altos costos de alquiler para su uso y a cambio presenta dos o tres actividades artísticas cada mes de las cuales menos del 10% es teatro.

Vemos al actor enfrascado en el quehacer artístico, sin conocimientos sobre administración, sin publicidad adecuada para sus funciones, sin locales para presentaciones o entrenamiento actoral y sin presupuesto para invertir en producciones, por un lado; y por el otro, la quiebra de las empresas que han intentado la profesionalización del teatro en Veracruz.

El telón cae lentamente sobre el escenario, al fondo observamos edificios modernos separados por edificaciones industriales y la fortaleza de San Juan de Ulúa por el mar y los muelles portuarios; y mientras las luces se apagan cerrando la representación de la epopeya, empiezan a sonar aplausos cada vez mas fuertes que se otorgan generosamente a los actores, actrices, directores, bailarines, coreógrafos, cantantes, escenógrafos, compositores y músicos, dramaturgos, técnicos, espectadores, en fin, se aplaude a todos los que hacen posible la epopeya teatral veracruzana.

Y mi aplauso personal se hace extensivo a los estudiosos de la historia, a los periodistas, censores, a quienes testimonian sus experiencias, a quienes proporcionan información, fotografías, documentos, y a quienes contribuyen con su esfuerzo en actividades como la que hoy inicia, para que este Paseo Por el Teatro Veracruzano se proyecte con mayor calidad hacia el futuro.

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